Flores comestibles

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La gastronomía y las flores no mantienen un vínculo demasiado estrecho. Algunas flores comestibles son muy populares, como la alcachofa, la coliflor o el bróculi, pero aún faltan incorporar muchas especies a la alimentación.

Se estima que existen más de 250 especies de flores comestibles que pueden aportar sabores y aromas poco frecuentes a nuestros platos. Los más audaces, pues, pueden cultivar flores en su jardín para incluirlas en sus menús.

La rosa, aunque suene extraño, es una flor comestible. Es posible preparar dulces o tartas con esta flor o usarla como ingrediente en distintas salsas. Las violetas, por su parte, aportan su suave sabor a sopas o postres.

Los geranios deben consumirse crudos y frescos, ya que de lo contrario pierden su aroma con rapidez. La utilización más frecuente de esta flor comestible se da en los postres y las tortas.

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Las capuchinas sorprenden con pétalos que mezclan sabores neutros con otros más picantes. Esta flor puede combinarse con el perejil y el cilantro para la creación de ensaladas.

Es importante destacar que no todas las flores son aptas para el consumo humano. Las especies dañinas pueden producir desde dolor de estómago hasta un fallo cardíaco, lo que obliga a tener ciertos cuidados. La azalea, la glicina y el lirio son algunas de las flores que no pueden comerse.

Otro dato a tener en cuenta es que las flores comestibles deben proceder de nuestro propio jardín o de algún lugar de cultivo orgánico. Las floristerías tradicionales comercializan flores que han sido tratadas con productos tóxicos como pesticidas y que, por lo tanto, no son aptas para el consumo.

Imagen 1 Flickr CC avlxyz
Imagen 2 Flickr CC truth82